miércoles 2 de diciembre de 2009

Disertaciones con los muebles. Pequeños detalles (Dissertations with the furniture. Small details).

Sola en casa, afuera llueve y tengo frío. El radiador al lado de mí, como si fuera mi amigo fiel, que no habla, que no se queja, que me acepta como soy, con mis cosas, que me soporta si le pongo cosas encima y que me entiende, porque el pobre no tiene cerebro humano y no me escucha cuando le hablo. Pero es tan cercano, testigo de mis miedos y confusiones, tan entrañable, que le prestaría mi cerebro para que pudiera sólo una vez contestarme, para decirme, "me estoy quemando", o para hacerme callar por un rato. Pero eso no pasa; sólo parece querer decir algo cuando se inflama demasiado y salta el automático. Parece que todo el mundo necesita un respiro de vez en cuando...

Alone at home, outside It's raining and I'm cold. The heater by my side, as if it was my loyal friend, it doesn't talk, it doesn't complain, it accepts me as I am, with my belongings, it bears with me if I put things on top of it, it understands me, because it hasn't got a human brain and it doesn't listen to me when I talk to it. But It's so close, witness of my fears and confusions, so dear, that I would lend it my brain in order for it to answer to me for once, to tell me "I'm burning myself", or to silence me for a while. But this doesn't happen; It only seems to say something when it heats up too much and causes a power failure. It seems that everybody needs a breath occasionally...





lunes 2 de noviembre de 2009

Disculpad los entendidos...



"Tal es el orgullo del hombre, que más quiere declarar en alta voz que las cosas son incomprensibles cuando no las comprende él, que confesar que el ignorarlas puede depender de su torpeza", M.J de Larra.


Puede que me incluya en este grupo selecto que tan bien describía Larra, allá por el s. XIX. Me resulta curioso el descubrir, dentro de mi ignorancia, que cosas como ésta, que llevan sabiéndose tanto tiempo no nos hagan reflexionar antes de decir más de una burrada. Nada, que tenía ganas de discutir, y no sabía con quién, así que me he acordado de algo que me hace estar en desacuerdo con el mundo de la arquitectura desde hace unos días. ¿El motivo? La Casa Malaparte (Curzio Malaparte,1937, Capri).


No niego que me muero de envidia por no tener esas vistas desde mi ventana, ni lo original de la construcción. Lo que no comparto es que se diga que esta casa en un claro ejemplo de cómo la arquitectura puede mejorar el entorno en el que se encuentra...






¿Mejorar el entorno? ¿Pero habéis visto el entorno? Debo de ser muy ignorante, o ignorante del todo; puedo reconocerlo y asumir que no sé nada de arquitectura, pero de lo que sí sé es de sentido común (vale, a veces) y de que por muy increíble que sea una obra arquitectónica, nunca, nunca va a mejorar algo como ese paraje natural de Capri. Más bien creo que el entorno es el que le da el significado al edificio, no se entendería en otro lugar, está claro.

Me vienen a la cabeza otros ejemplos de arquitectura integrada en la naturaleza, como es la Casa Kauffman (F.L.Wright, 1937, Pensilvania), donde mi maltrecha conciencia ecologista no me permite dudar de la obra de Wright, ni yo lo permitiría.



Pero es que son tantas las imágenes que se me vienen a la cabeza, en las que mi ignorancia no me deja discernir entre lo que se supone que está bien o lo que no...





Tal es el ejemplo del proyecto llevado a cabo en el Gran Cañón del Colorado. Una plataforma en forma de anillo que pone los pelos como escarpias, no sólo por la impresión que debe de dar caminar suspendido a más de 1200m de altura sin prácticamente nada bajo los pies, sino por la brutalidad que me parece el que el hombre se atreva a intervenir en un sitio como ése. Además de ser un lugar sagrado para sus ancestrales moradores, me resulta algo pretencioso elevado al infinito el que alguien se decida a pasar a la Historia con algo así.





Bueno, y ya para terminar esta entrada que no sé a qué venía, pero que me apetecía escribir, decir que una de las primeras imágenes sobre arquitectura que tengo en la cabeza, desde mi infancia, es la de mi hermana Mayte, bocetando a lápiz la Casa Kauffman. Ya por aquellos entonces me enamoré de esas terrazas sobre aquel paraje de Pensilvania, que para una niña de 10 años que pasaba los veranos en tierras manchegas, imaginarse viviendo en un lugar así era lo más parecido al paraíso.

También dejo un enlace de un vídeo con escenas de la película "Le Mepris" (El Desprecio, 1963), de Jean-Luc Godard, en la que, además de la impresionante Brigitte Bardot, también salen imágenes de la Casa Malaparte, que no soy tan radical, la casa me encanta, pero una cosa no quita la otra...

http://www.youtube.com/watch?v=H-SYpoLrVwI

lunes 26 de octubre de 2009

Atardece, que no es poco (sólo que cada vez más pronto...).

Un mes pasado y no había visto nada de Matosinhos que mereciera la pena, así que hoy, al ver el sol asomar, me he decidido a ir hasta Leça Da Palmeira, para ver las Piscinas Das Marés (1971), de Siza. La luz aquí es cálida por la tarde, caminas lento por el margen de la playa, la humedad suspendida guarda olores salados y la gente se sienta amable, charla, duerme, corre, monta en bici, pasea a su perro, hace punto en las rocas, busca cosas, se ríe o simplemente, está.


Un nosequé te obliga a mirar hacia el mar, sólo el reflejo en los vidrios de un café en la playa te desvela el porqué.

Al final del paseo te encuentras con la casa de chá da Boa Nova (1958-65), también de Siza; hubiera sido especial tomar allí un chá o simplemente sentarse a ver cómo se hace de noche a las 5 pm en Matosinhos...

domingo 25 de octubre de 2009

Allá voy

Mira que no me gusta ser previsible ni hacer lo que hace la gente, pero tenía ganas de expresar lo que me pasa por la cabeza de un tiempo a esta parte. En esta especie de cosa dejaré mis impresiones, esperando poder ver también las vuestras. No sé cómo resultará, pero creo que será útil, por lo menos cuando me sienta sola y no sepa a quién contarle lo que "bulle" en mi sesera...